La realidad y su misterio retornan incesantemente a la conciencia que emprende la búsqueda de lo sagrado y construye el espejo imposible en el que pudiera refulgir.
Ordenamos el mundo , recurrimos a las categorías , a la multiplicidad de la clasificaciones ; tratamos de dar sentido a ese continuo encararse con el ser , pero vuelve el desorden , la pérdida de significado , el absurdo y el miedo .
El silencio de la noche realza la soledad de la palabra .
La voz de la consciencia habla de una posibilidad que la historia del pensamiento se encarga de oscurecer y de encender _el entusiasmo de soportar , desde el pensamiento_ , lo terrible de la vida y el pavor de la consciencia ante el mundo.
No queda más que la nada _como parece ser_ , pero contra la nada se rebela en nosotros la voluntad de vivir , esencia del hombre y del universo, de la que procede nuestro amor a la vida, la fuerza del barranco que agota el calor y desvía la mirada del caminante .
Los diversos sentidos _innumerables , maravillosos , fatídicos , tolerantes , intolerantes , oscuros , luminosos_ caen inánimes , corrompidos , destruidos por la tierra , simplificados por el uso que olvidó su vivencia ; se desvanecen como falsas luminarias , como alucinaciones fugaces .
La pérdida _esa pérdida , primero ontológica , es decir , real , y segundo metafísica , o sea , transreal_ agudiza el perfil de la muerte y hace fracasar también llena de nombres , de dolorosas palabras , de inacabadas respuestas , de absurdo y de silencio estrellado por múltiples nadas , por infinitos espejos que multiplican la sed , la angustia , la nada y el amor que brotan otra vez , al unísono , de la espesura calurosa de lo más interior del barranco , de las lombrices de fuego que taladran su tierra adormecida .
Los dolores son , sí .
Diezmos.
ARQUITECTO DEL ESPÍRITU